miércoles, 5 de diciembre de 2012

“Uno es feliz con poco”: Mujica y la marihuana contra el fin del mundo.



 Artículo de opinión sobre sustancias psicoactivas, políticas públicas y evolución humana.

 

Lic. Pablo. A. Ascolani

 

El Presidente José Mujica dice, hablando de su manera de ser:

“Uno es feliz con poco. No es una apología de la pobreza lo que hago, sino de la sobriedad, de la austeridad. Yo apuesto a renunciar a cosas para tener más tiempo. Tiempo para vivir, para ser feliz. Porque en una de esas a usted le gusta pescar, o escuchar música, o estar con los amigos y para eso se necesita tiempo. Como se necesita tiempo para el amor. Ahora, si usted va a dedicar todo el tiempo a trabajar y consumir y pagar cuentas, es una condena de vida.  Para mí los años que pasé en el calabozo y logré sobrevivir, me son intransferibles. Después de eso con poca cosa soy un hombre rico. Pobre del que quiere mucho”

Trabajando en la asesoría de AREC gestionada por AECU para la Junta Nacional de Drogas del Gobierno de la República de Uruguay, realizamos una revisión sistemática de trabajos científicos originales referidos a la toxicología del cannabis y la reducción de daños en su utilización.

La revisión de la literatura sugiere que la mayoría de los usuarios adultos de cannabis, que usan la droga ocasionalmente, no sufren ningún daño físico o mental.

Aquellos que consumen grandes dosis en forma regular tienen una pequeña tendencia a tener menores logros educativos y menores ingresos, si bien estos estudios no detectan los posibles beneficios que estos consumidores obtienen, en detrimento de educación formal o poder adquisitivo.

Reflexionando en relación a las palabras del Presidente, y al universo de consumidores avezados de cannabis que conocemos por medio de nuestra Asociación Civil AREC, tenía sentido. Y “consumidores avezados” no es un eufemismo de “abusadores” de cannabis. No los consideramos así porque la cantidad de cannabis consumido no está relacionada directamente con el impacto negativo que pueda tener ese consumo en la vida de la persona, pero sí los estudios revisados.

Tenía sentido que la gente que fuma habitualmente cannabis no se preocupe tanto por ganar más plata. Que en todo caso los daños serían contra el sistema, ávido de consumo.

Sin querer entrar en un debate más amplio, tenía sentido también que se cuestione la validez de instituciones del saber hegemónico. Que la doctora en vez de ser neurocirujana se fue a estudiar yoga tibetano, o que el futuro ingeniero se haga músico.

Es posible que ese abusador del cannabis esté paliando los sufrimientos personales. O esté bien, y se dé, como dice el Presidente Mujica, tiempo para la música, para los amigos, para el amor. Tiempo para vivir; fumando.

            Y, cuando todavía está resonando en el aire el discurso del Presidente Mujica en el G20, cabe preguntarse ¿la prohibición de las drogas tiene también que ver con esto, además de los obvios intereses económicos y de dominio político-militar?

La “guerra contra las drogas” impulsada por Estados Unidos, ha resultado inefectiva en relación con los objetivos explicitados, la disminución de la oferta y la demanda de drogas ilícitas. Estas políticas produjeron la penetración de los Estados y del sistema financiero global por redes criminales ingentes y en pleno desarrollo.

Y uno de sus fundamentos, la criminalización del consumo de sustancias ilícitas, ha agravado la situación de los Derechos Humanos relacionados con la problemática, manifestándose en récord de encarcelamientos, estigmatización y costo en vidas humanas.

¿Porque el imperio y las corporaciones persiguen sustancias como el cannabis con la venia de la instituciones y países involucrados en el sostén del status quo político-económico global? ¿Sólo por dinero del narcotráfico y el control estratégico bélico?

A la luz de la evidencia, es posible que el uso de estas sustancias promueva valores morales y actitudes que no son bienvenidas en la sociedad de mercado capitalista. Se temen y sospechan determinados estados mentales que conducen a instancias de cuestionamiento, en particular sobre algunos de los mandatos centrales para adquirir existencia para el sistema, como consumir. Esta afrenta justifica una guerra santa, un estado de emergencia de enormes costes sociales y de gasto militar. Esta guerra se financia en parte por el mismo negocio del narcotráfico y en parte mediante el desfinanciamiento de políticas públicas orientadas a soluciones más complejas a la problemática del abuso de drogas como las dirigidas a la prevención, el acceso a la educación y al libre acceso a la información, al trabajo digno, acceso a la salud, disminución de la brecha entre ricos y pobres, y otras variables que serían realmente efectivas. Como dice Noam Chomsky, la guerra contra las drogas no fracasó en sus objetivos, sino que tenía objetivos diferentes a los explicitados.

El cannabis, englobado dentro de lo que Escohotado llama “sustancias de excursión psíquica” tiene, potencialmente, un efecto cuestionador sobre el estado de las cosas; enfrentan a la persona al plano “del inclumplimiento inherente a nuestras vidas”. Este cuestionamiento es, en último término, sobre la naturaleza del ser y la realidad, pero en su escalada atraviesa toda organización y estructura humana. No es casual que uno de los momentos donde la cultura dio un paso amplio en relación a los Derechos Humanos y los movimientos sociales (raciales, ecologistas, de mujeres, de estudiantes, etc.) coincidió con la popularización y uso extensivo de LSD durante los 60 y 70.

Con la regulación del cannabis, podemos habilitar, en cierta medida, la continuación y creación de nuevos procesos culturales de autonomía y libertad.

La “instancia de cuestionamiento”, que potencialmente habilitan estas sustancias, intentan ser disgregada por el individualismo del sistema capitalista, que ofrece consumo constante como distracción a los aspectos de la vida importantes, que requieren atención y expresan la profundidad de la existencia. Hay una disputa por una autonomía de conciencia reñida con los moldes estrechos del sistema.

 “No es saludable estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma“ dijo sabiamente Krishnamurti.

El sistema capitalista de mercado produce una realidad insustentable, profundamente desigual, cruel y destructiva.

Somos una especie moribunda en un planeta moribundo.

Por ello necesitamos de forma urgente superar viejos paradigmas, buscar nuevas perspectivas y nueva información, que nos permita superar esta etapa en nuestra evolución como especie.

El cannabis, entre otras sustancias, aparecen como herramientas para cuestionar la inevitabilidad del “malestar en la cultura”, como herramientas para romper los engranajes del sistema hasta llegar a las entrañas de la cultura y rearmarnos, hacernos superar el vacío de la existencia, poder mirarnos como colectivo de seres humanos, conscientes de la vida y la muerte.

El salto epistemológico que sugiere la integración de estas sustancias nuevamente en la cultura es grande. Nos lleva a imaginar nuevas formas de organización, que celebren la diferencia entre los seres humanos con libertad, tolerancia y justicia. Pensándonos como una totalidad, conscientes de nuestro viaje, como dijo un sabio, “en nuestra querida, contaminada y única nave espacial”. Y que la conciencia de nuestra unión nos lleve a penetrar en ese momento mágico donde la vida adquiere todo el detalle y la profundidad que realmente posee; y donde la importancia de cuidar la naturaleza se presenta como un pedido inaplazable, no tanto para nosotros, sino para todos aquellos por venir, de los que también formamos parte.

El urgente desafío de la humanidad es aumentar su producción de amor, de alegría y de conciencia. El cannabis y los enteógenos[i] tienen algo que ver con esto.

“Uno es feliz con poco”

Compañeros y compañeras, hagamos fuerza juntos con Mujica y la marihuana contra el fin del mundo.

 

Bibliografía:

-Escohotado, Antonio, Aprendiendo de las drogas : usos y abusos, prejuicios y desafíos. Barcelona, Anagrama, 1995.

- Pablo A. Ascolani, Toxicología del cannabis y efectos del consumo sobre los indicadores de salud de la población. Ponencia presentada en las Jornadas Académicas de Debate en Montevideo (Uruguay) organizada por la Coordinadora Nacional por la Legalización de la Marihuana con el apoyo de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República y La Junta Nacional de Drogas de la Presidencia de la República de Uruguay. http://cannabismedicinalargentina.blogspot.com.ar/2012/09/toxicologia-del-cannabis-y-efectos-del.html

- Pablo A. Ascolani, La prohibición de las drogas como obstáculo epistemológico. Artículo basado en el trabajo final para el “Curso de Políticas de Drogas, VIH y Derechos Humanos” de Intercambios Asociación Civil, dictado entre febrero y abril de 2011. http://cannabismedicinalargentina.blogspot.com.ar/2011/10/la-prohibicion-de-las-drogas-como.html



[i] "Sustancias cuya ingestión altera la mente y provoca estados de posesión extática y chamánica. En griego, entheos significa literalmente "dios (theos) adentro", y es una palabra que se utilizaba para describir el estado en que uno se encuentra cuando está inspirado y poseído por el dios, que ha entrado en su cuerpo. Se aplicaba a los trances proféticos, la pasión erótica y la creación artística, así como a aquellos ritos religiosos en que los estados místicos eran experimentados a través de la ingestión de sustancias que eran transustanciales con la deidad. En combinación con la raíz gen-, que denota la acción de "devenir", esta palabra compone el término que estamos proponiendo: enteógeno. C.A.P. Ruck, J. Bigwood, J., D. Staples, R.G. Wasson y J. Ott, Journal of Psychedelic Drugs, vol. II, núms. 1 y 2, enero-junio 1979"  Los psiquedélicos tradicionales o enteógenos, tienen escasa toxicidad, tanto sobre el sistema nervioso –no son neurotóxicas- como sobre el resto del organismo y márgenes de seguridad tan altos que no se registran muertes por toxicidad aguda de ninguna de estas sustancias. No producen dependencia, ni física ni psíquica. No producen síndrome de supresión, ni conductas de autoadministración. El cannabis es utilizado como enteógeno en algunas culturas y tiene un potencial de suscitar efectos compatibles con el de los psiquedélicos tradicionales.
 

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

    ResponderEliminar
  2. Felicitaciones Pablo, solo admiración y cariño por tu trabajo y el de toda la gente de AREC!! Y ni hablar del Pepe Mujica ejemplo de vida, militancia y gestión publica, para el pueblo y no para los intereses económicos
    !! Los pueblos de america latina tienen un faro a seguir mirando al Uruguay!!

    ResponderEliminar